Muy retro y muy colorida, así es la casa de la ilustradora australiana Neryl Walker. Exactamente igual que un viaje al pasado, a los años 50, porque casi todos los muebles proceden de esa época. La propia entrada de la casa ya nos indica por dónde van a ir los tiros, con esa mesita blanca con las patas hacia afuera y la butaca tras la que hay un antiguo secador de peluquería.
(Si os llama la atención el secador, os recomiendo el artículo sobre secadores de peluquería convertidos en lámparas). En el resto de la casa, una vez traspasado el vestíbulo, llama la atención, sobre todo, el salón comedor, donde tanto el sofá como el sillón o la mesa son muy muy retro. Y es que todo sigue esa estética, cada detalle está cuidado con mimo. No hay más que fijarse en los adornos, que van desde un bolo de madera a un ventilador de mesa vintage o sorprendentes souvenirs.
Luego, también resultan evidentes algunas de las pasiones de la propietaria de la casa. Una es la música, y así abundan las guitarras y hasta un tambor y sus baquetas, por no hablar de la colección de vinilos perfectamente colocados en su estantería. La otra es el arte y el dibujo, con pequeños cuadros por doquier adornando las paredes.
Y he dejado para el final mis dos estancias favoritas, una su estudio, donde hace gala de sus pequeñas colecciones agrupando los objetos por temáticas. La otra es la terraza, que encandila por su simplicidad.
Visto en: The Design Files.























































