Este salón no es demasiado grande, pero sí lo suficiente como para colocar dos sofás en ángulo y crear una zona de estar más que acogedora gracias, fundamentalmente, a los complementos de la decoración. La sala en la que se ubica tiene una buena materia prima no al alcance de todos: techos altos, unas fantásticas molduras de escayola, dos preciosas ventanas rematadas con arcos de medio punto, un suelo de madera y una buena puerta maciza lacada en blanco. La luz abundante y el espacio a lo alto contribuyen a desahogar el ambiente, pero lo cierto es que la distribución está muy bien resuelta y tiene mucho encanto.
Cada pequeño rincón tiene su detalle, como unas flores en el alféizar o unos faroles en la mesa auxiliar esquinera. Tanto los faroles como la alfombra o kilim o los puf que pueden servir tanto de asiento como de reposapiés tienen un incofundible aroma árabe, que se contrarresta con el clasicismo de los dos sofás chester, muy en boga últimamente aunque siempre de actualidad.
Para compensar el pequeño tamaño de la estancia, se ha optado por dejar las paredes prácticamente desnudas, con tan sólo una estantería para libros y adornos entre las dos ventanas y algunos otros adernos muy ligeros, que van desde una escueta estrella de cinco puntas, espejos, cuadros en tonos blancos o algunos abalorios colgados, además de un trofeo de caza. Así reina la espectacular salamandra de metal que da calor a la estancia y resulta tan majestuosa como encantadora.
Visto en: Sanctuary.























































