Julio Verne o H.C. Wells hubieran sido felices en este apartamento neoyorkino, todo un derroche de imaginación y un shock para los sentidos. Pasen y vean.
A medio camino entre el submarino de las 20.000 leguas y el laboratorio del doctor Frankenstein, este hogar tan curioso combina la estética industrial, con esos suelos de cemento pulido y los techos (y muchas paredes) en bruto y sin allanar, con la ciencia-ficción.
La decoración es un prodigio, una amalgama de artilugios mecánicos, ruedas dentadas, engranajes, herramientas y toda suerte de ingenios que una avanzada mente decimonónica hubiese podido imaginar: steampunk en estado puro, desde el vestíbulo hasta la cocina.
En la zona de salón, cuelgan del techo extrañas lámparas y móviles. Los sofás parecen rescatados de un antiguo rodaje de alguna película de Ed Wood, por no hablar de la decoración de la pared de la televisión… ¿Y qué me decís de la mesa de centro?
La sorpresa mayor llega cuando llegamos al cuarto de baño, al que se accede desde el dormitorio. Parece de otra casa, pero no nos enañemos, no es que un cuarto de baño no pueda ser steampunk o retro futurista, porque para probar que sí puede ser así, están los aseos, donde juegan con viejos bidones, válvulas y tuberías.
Y para descansar la vista de tanto artilugio, no hay nada como salir a respirar aire puro a la terraza… Una delicia que nos saca de un mundo de fantasía y nos devuelve a la vida real, pero a una buena. ¿Queréis saber lo mejor de este apartamento? Está en venta. Lo malo es que cuesta cerca de un millón y medio de euros.
Visto en: Core.




















































Moooooooolaaaaaa!!!
Me voy a poner a ahorrar ahora mismo!