Serenidad, calma, orden y alegría. Todo eso transmite esta casa, en la que reluce la madera pintada en tonos neutros, el moderno clasicismo de unos muebles de líneas nórdicas y las obras de arte que los propietarios han colgado en las paredes. La esencia es negra, gris y blanca, pero se ve salpicada por cálidos toques de madera y el colorido de los cuadros. Además de eso, piezas de diseño ya consolidado componen un encantador hogar en la naturaleza.
La gran cantidad de luz que entra a través de los enormes ventanales hace que las estancias parezcan más grandes y espaciosas de lo que son, algo a lo que ayudan los altos techos. Con tanta luz, casi hasta se agradece que las paredes que dan al exterior hayan sido forradas de madera gris o negra. Los tablones, además, dan mucha personalidad y aportan una nota rústica.
Luego, en toda la casa, tanto en el comedor como en la sala de estar, se ha alcanzado una delicada combinación de muebles en madera, metal y plástico, sin que en ningún momento los materiales lleguen a desentonar. Las lámparas, clásicos de líneas sencillas, también encajan a la perfección.
¿Un flexo anclado a la pared de la cocina? Pues resulta que es una buena idea para dirigir la luz exactamente al lugar que nos hace falta en cada momento. La cocina, con sus paredes de madera blanca y sus muebles de líneas rectas, acompañados de una mesa plegable de madera recuperada conforman otro escenario de armónicas mezclas.
Y dejamos para el final el dormitorio abuhardillado, donde el blanco es el protagonista absoluto, llenando la estancia de calma y limpieza.
Visto en: Bo Bedre.

















































