Esta es la prueba de como con muy poco puede conseguir se muchísimo. En un enorme apartamento de 200 metros cuadrados (un lujazo que no está al alcance de todos), dos artistas plásticos, Kirra Jamison y Dane Lovett, han creado un lugar perfecto para trabajar y para vivir, con un estudio gigantesco en el poder crear piezas de grandes dimensiones y unas estancias que invitan a la inspiración y a la creatividad.
En el estudio reinan el desorden y el caos, pero su gran tamaño, la altura de la sala y su gran luminosidad, ampliada por el color blanco que reina, dan una gran sensación de paz y calma, sólo salpicada por el colorido de las obras de arte que salen de sus manos. Carros con ruedas con los que poder mover los materiales fácilmente de un lado a otro, y una estética industrial llaman al trabajo.
En el resto de la casa sigue dominando la sencillez y los espacios vacíos. El blanco y el gris son los colores básicos, gracias a los suelos de cemento pulido y a las paredes de ladrillo pintadas, y sobre ellos destacan obras de arte, utensilios, un importante número de plantas que contribuyen a dar mucha vida y un pequeño puñado de muebles, los básicos e imprescindibles.
La estantería, los marcos de los cuadros, la cama… no pueden ser más simples. Son en su mayoría piezas recuperadas de aquí y de allá que aportan gran autenticidad a la casa.
Normalmente se desaconseja colocar plantas en los dormitorios, pero con este tamaño de casa se lo pueden permitir. Un detalle a tener en cuenta es la simpática maceta que han improvisado en una vieja lata de tomate triturado.
Y terminamos en la cocina, que tiene aspecto de almacén, con unos muebles que no son más que estanterías metálicas industriales, que dejan al descubierto todos los utensilios. Los que no se colocan aquí, se cuelgan en la pared.
Visto en: Mundo Flaneur.























































